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Androide, sexo y amor

Después de leer el  excelente artículo de Rita Abundancia,  “¿Harías el amor con un androide? El cual, cómo nos tiene acostumbrados,  está impregnado de  información rigurosa y actualizada con esos tintes cínicos que tanto  me gustan.  He decidido reflexionar sobre este tema y escribir algunas de mis impresiones.

No tengo ninguna duda de que los robots sexuales formarán parte de la vida de las personas. Hay un tema clave que es la oferta y la demanda, y de eso la sociedad actual sabe mucho, pero es que además cuando analizamos  los posibles cambios que están ocurriendo y los que podrán aparecer en las sociedades del  futuro, está claro que tienen su lugar.

Las personas, al menos es un deseo, cada vez tendrán más autonomía económica, proyectos de desarrollo personal, emocional y laboral que necesitan dedicación y esfuerzo,  Actualmente ya  pasamos por temporadas en que la energia utilizada para el día a día profesional y laboral redunda negativamente en la búsqueda de una pareja emocional o incluso en una exclusivamente  sexual y mucho más en el mantenimiento de una pareja estable que requiere  compromiso, compartir, gestionar, negociar…

En estas etapas  el no tener que pensar, el simplemente sentir placer y desconectar con algo que está muy a mano, puede ser una solución.  Pero como las personas somos complejas, y cuando lo tenemos todo fácil acabamos desmotivándonos, estos robots perfectos, capaces de satisfacer “todas nuestras necesidades sensoriales y sexuales “  seguramente no serán suficientes ni podrán reemplazar de manera prolongada, la incertidumbre, el juego interpersonal, la seducción, la sorpresa, la satisfacción por conseguir lo buscado o la melancolía, la frustración o el dolor por el desamor.

Porque  para la satisfacción sexual, al menos hoy por hoy, el placer es sentido y percibido, la sexualidad nos gusta compartirla con los ingredientes necesarios de cognición , emoción y cuerpo, cuerpos imprevisbles siempre aunque sean muy conocidos.

Pero el futuro siempre es incierto, y no por ello menos apasionante y vibrante.

Francisca Molero Rodriguez

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