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El poder del lobo


Querida Victoria:

Estupefacción, indignación, rabia y miedo. También asco. Son las emociones que me ahogan al leer el fallo de la Audiencia Provincial de Navarra en el juicio de “La Manada”.

Me gusta imaginar que te llamas así: Victoria. Algún día ganarás… y con tu triunfo ganaremos todas. Afortunadamente, tu identidad no ha trascendido. Podrás esconder tu dolor para intentar manejarlo. Sin embargo, necesito ponerte nombre. La sentencia se refiere a ti como “la denunciante” para preservar tu anonimato. Está bien a ese efecto… pero te resta humanidad y difumina tu sufrimiento.

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