Intimidad virtual

Tengo más intimidad con una relación virtual que con mi pareja

Esta constatación está inquietando a muchas personas que en ocasiones no saben cómo han llegado a esa situación; no saben qué consecuencias puede tener en sus vida y sobretodo no saben cuándo seguir o cuando parar.

Hay estudios que sugieren que el uso activo de redes conduce a un mayor número de conflictos entre las parejas e incluso aun aumento de infidelidades y rupturas.

Una pregunta que surge muy a menudo es la de saber si es necesario que las cosas vayan mal en la pareja para llegar a esta situación. Pero no, no siempre es así,  “a pesar que tengamos en la mente de que las personas buscan fuera lo que no encuentran dentro”.

Nuestro contacto con las redes es habitual y frecuente, nos distraemos mirando facebook, Instagram, twitter, tik tok… y en estas navegaciones encontramos fotos, frases, videos de personas que nos despiertan la curiosidad. A veces simplemente es eso, un like y a partir de aquí se empieza el contacto y las conversaciones.

Pero, no todas las interacciones se convierten en una relación virtual. ¿Qué ocurre para que esa conversación inicial, esa curiosidad, se convierta en una relación virtual? Seguramente que se activan nuestras emociones.

Las emociones básicas siguen siendo las mismas de manera presencial que en las interacciones on line.  Te sientes bien al saber que interesas a otra persona, te sientes acompañado, desde el anonimato enseñas y dices lo que quieres; se convierte en una manera más fácil de expresar sentimientos y sentirse comprendido o comprendida, en esos momentos todas las atenciones de los dos participantes están dedicados a la escucha y a la comprensión. Esta percepción de sentirse comprendido es muy importante para seguir.

Y, de aquí al flirteo sexual no hay tanta distancia , aunque también muchas veces se comienza directamente por él, poniendo en práctica el juego de la seducción.

El flirteo puede empezar como un juego, se hacen bromas, se emocionan cuando entran los mensajes, fomenta la creatividad y el sentido del humor, aparece una mayor capacidad de síntesis y mayor impacto comunicativo (te extraño, estoy, buenos días, los emoticones…)

Cada mensaje puede alimentar el deseo, el sentirse deseado por alguien a quien deseas es un estímulo sexual muy potente, posiblemente el mayor.

El riesgo o no, aparece cuando el contacto virtual con la otra persona cruza la frontera y se convierte en engaño o infidelidad digital.

Si bien los límites son confusos, las consecuencias para la mayoría de las personas son muy reales.

Debido a que no hay nada físico involucrado, muchos participantes se ven involucrados en una aventura en línea antes de darse cuenta de que lo están haciendo.

Pero poco a poco empieza a repercutir en la vida personal y de pareja.

Respecto a la vida personal pueden aparecer sentimientos ambivalentes, cierta culpabilidad, sobre todo pensando en las consecuencias y el daño que le puede producir a la pareja real si se entera, aunque en muchas ocasiones se sigue arriesgando y no cesa hasta que se descubre.

Muchas veces se es consciente que ese tipo de relación no llegará a materializarse, pero se quiere mantener dentro del mundo privado, casi como una “fantasía con muchos matices”. Otras veces se decide acabar porque se decidí apostar por la relación real.

Las parejas cuando se enteran lo suelen considerar una infidelidad, independientemente de si han tenido sexo virtual o no, viven peor la conexión emocional que identifican en los mensajes que han podido leer.

Y recuperar la confianza en la relación depende de muchos factores.

Podríamos decir que la Fortaleza de una relación se basa en la satisfacción, el balance de la inversión emocional que realiza cada uno y la actitud ante la disponibilidad y accesibilidad de otras parejas.

Algunas de estas parejas acuden a la consulta, y con ellos se trabaja el reconocimiento  del daño de la persona que se siente traicionada; subestimar o negar la situación no ayuda.

Se trabaja en entender que las relaciones de pareja son interdependientes y el comportamiento de un miembro influye en el otro.

Volver a reestablecer la confianza, es a veces lo más complicado.

Es importante gestionar con sentido común las redes sociales. Sabemos que son muy adictivas  y que si su uso es muy alto puede dañar las relaciones interpersonales y provocar conflictos e insatisfacción.

Se necesita establecer mecanismos de control y reajuste.

Y recordar el contrato que se tiene con la pareja y valorar las posibles consecuencias del incumplimiento.

Francisca Molero Rodríguez

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