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¿ que me pasa ?

¿ Que me pasa ? Dicen que todo está en mi cabeza.

Dolor

photo credit: Nicholas via photopin (license)

Quiero escribir hoy  sobre la desesperación de que no sepan ni crean lo que te pasa. La desesperación ante esa enfermedad desconocida, ante esos síntomas que te impiden llevar una vida normal, que te aíslan en un mundo propio, que duran mucho tiempo, que hacen que no te acuerdes casi de cómo era tu vida antes de su aparición, que están ahí casi cada día y, sobre todo, que te llevan hacia la desesperanza aunque te digan “tranquil@, no encontramos nada grave”.

Tengo a mi alrededor personas que están en esta situación. Personas que me preocupan, amigos y, cómo no, también pacientes, por eso escribo este artículo, para ayudarme con mis reflexiones y exponerlas.

Debemos abordar la enfermedad de forma distinta

En el día a día me encuentro con muchas personas que sufren, en muchas ocasiones, más de lo necesario. Se sienten mal físicamente y emocionalmente pero, sobre todo,  se sienten incomprendidas y frustradas.

La medicina, en especial las pruebas diagnósticas, se han vuelto omnipotentes, no es posible que un escáner,  una resonancia o una biopsia no nos digan lo que nos ocurre.

“No es posible que la medicina del siglo XXI no sepa ya todo lo que le puede ocurrir al ser humano”. Eso es lo que nos dicen, es lo que nos trasmiten, ”busca, busca donde sea, con dinero se encuentra el diagnóstico”.

Pero no es así. No todo se sabe, ni se sabrá nunca, la interacción de la persona con el entorno facilita  bienestar o provoca malestar. El entorno es cambiante, la persona también y por supuesto la interacción.

La enfermedad,  el sentirse enfermo condiciona la vida de esa persona y de los que tiene alrededor.  La manera de enfermar y de sentirse enfermo es muy personal, cada uno lo gestiona como puede pero es evidente que, partiendo de un ser integral, se han de abordar estos temas de forma distinta a como se hace habitualmente.

EL primero en hacerlo, sin duda, ha de ser el personal sanitario, pero también la propia persona y su entorno.

No todo lo desconocido tiene un origen psicológico

Claro que hay un componente psicológico, los pensamientos y emociones influyen en todas nuestras  acciones y por supuesto en el sentir. Pero eso no significa que ante lo desconocido digamos que todo es psicológico, negando otras posibilidades porque no las conocemos, no sabemos o no encontramos evidencia científica. La humildad de reconocer que lo que sabemos está enmarcado en el hoy y el ahora es fundamental.

Hay veces que, por casualidad y tras tiempo de peregrinación, la persona enferma e incomprendida cae en manos de algún profesional especialmente motivado por ese tema, pero hay otras en que los enfermos  se convierten en investigadores propios. Su  objetivo  vital pasa a ser encontrar la causa  de lo que le ocurre, pero el problema fundamental son las fuentes dónde investiga, fuentes muchas veces poco fiables que llevan a caminos equivocados, que pueden alimentar la confusión o crear falsas esperanzas sin encontrar soluciones.

Esta vorágine de querer descubrir, hace que la persona dedique muchas horas de su vida a una búsqueda incesante que la sumerge aún más en su propia soledad e incomprensión.

 Algunos ejemplos de patologías usuales

Podría citar algunas de estas patologías más frecuentes y otras menos: para mí una cada vez más habitual es la vulvodinia, por ejemplo.

Vulvodinia se define como  dolor vulvar que puede aparecer de manera espontánea o en las relaciones sexuales sin encontrar una causa conocida, no es producida por infecciones, ni por otras patologías visibles. Puede ser generalizado en toda la vulva o localizado, mayormente en la zona inferior de la entrada vaginal.

Es un síndrome multifactorial, de causa desconocida, las mujeres que lo padecen están acostumbradas al peregrinaje por diferentes especialistas, muchos de ellos sin ofrecer ninguna solución ni esperanza, sin entender que estas mujeres acaban evitando las relaciones sexuales, sintiéndose culpables y  deteriorándose la relación de pareja.

Otro ejemplo que me viene  la mente son las mujeres que padecen el trastorno de la excitación sexual persistente. La mujer siente los síntomas genitales de excitación sexual pero sin identificar un desencadenante sexual previo. Persiste  durante períodos prolongados de tiempo, y no desaparece a pesar de tener  uno o varios orgasmos, provocando  en las mujeres que lo padecen  sentimientos de vergüenza o culpa y angustia personal.

Estas son dos patologías con las que yo me encuentro en mi actividad profesional, pero hay muchas más en todos los campos.

Francisca Molero Rodriguez

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