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Vacaciones con la pareja

Vacaciones con la pareja: deseadas y temidas

Irnos de vacaciones con la pareja no suele dejarnos indiferentes, navegamos entre  emociones ambivalentes que van desde el deseo y las mejores expectativas hasta el temor y el agobio por una interacción tan próxima y de tantas horas.

Las vacaciones suelen ser deseadas, durante unos días nos cambia la vida, no solamente por los viajes que podamos realizar o los sitios que podamos visitar, nos ofrece romper durante unos días con la rutina cotidiana. Además siempre nos vamos quejando de la falta de tiempo, de no poder casi ni hablar con nuestra pareja.

Y si bien es cierto que para muchas parejas compartir vacaciones es motivo de satisfacción y disfrute, ya que facilita el vínculo amoroso, para otras parejas se convierte en una prueba. Una prueba de la que se espera conocer el resultado para tomar una decisión, una decisión que en el fondo la mayoría de veces ya está tomada.

Este es uno de los motivos porque a los sexólogos y terapeutas de pareja nos aumentan las visitas después del verano.

En este artículo voy a hablar de éstas últimas parejas, de las que utilizan las vacaciones para probar sus sentimientos y su relación. “Menuda presión para un espacio de tiempo tan corto” “Menuda presión para quien se pasa los días evaluando la situación y viendo si se producen cambios ““Menuda presión cuando vienen a mi consulta después de esas vacaciones, diciendo que es el último cartucho para arreglarlo o separarse”.

¿Qué ha pasado por el camino? Las emociones y las expresiones de los sentimientos dan pistas, avisan de muchas cosas. Se empieza cuando se deja de hablar, porque hacerlo genera conflictos, cuando se necesita repetir un montón de veces las cosas porque no sientes que te escucha, cuando se deja de compartir risas, cuando siempre hay algo que hacer más importante que estar con el otro, cuando se deja de tener contacto físico…

En ocasiones ocurre porque  cambia la manera de querer al otro, y la nueva manera  no es la que se desea sentir por la persona con la que se quiere compartir una  vida. A la persona que pasa por esta situación, le cuesta aceptarla, tarda tiempo hasta que toma una decisión, cuesta reconocer que no ha funcionado, manejar el daño al otro, el dolor propio, el miedo a equivocarse, el cambio, a la soledad.

Y en muchas ocasiones, también, la otra persona no se lo espera, tiene una concepción diferente de la situación, piensa que es normal tener altos y bajos en una relación de pareja y eso es como lo ha vivido. No se da cuenta o no quiere verlo de que su pareja piensa y siente de manera diferente.

La culpa, la presión, la victimización, no ayudan. En ocasiones entender que no se trata de un fracaso, que en una pareja la responsabilidad de mantenerla y cuidarla es compartida, reconocer que las expectativas y las necesidades del otro han podido cambiar  e interesarse por ese cambio, sin caer en la necesidad, ayuda a la pareja a recomponerse a descubrirse a reenamorarse… Y es posible.

Muchas personas me preguntan sobre la eficacia de la terapia de pareja, y desde mi experiencia aseguro que es posible, va más allá de los motivos o circunstancias que originaron la situación, tiene que ver con descubrir al otro, a la nueva persona y luchar por  la nueva pareja.

También hay parejas en las que se tienen que dejar ir, porque su etapa ha acabado.

Francisca Molero Rodriguez

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